GLOBALIZACIÓN, COMERCIO Y ALIMENTACIÓN

GLOBALIZACIÓN, COMERCIO Y ALIMENTACIÓN

Publicado el: 29/03/2017

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Hoy queremos dar un giro a los contenidos de nuestras comunicaciones. Siempre hemos intentado que las mismas sean de carácter lúdico, cultural y, de paso didácticas, respecto a nuestros productos. Pero desde hace semanas queremos tocar algunos temas de índole más social, los cuales creemos que son de profundo interés y, a pesar de ser quizá, demasiado densos, relacionarlos con nuestra propia actividad.

La decisión de si gustan este tipo de temáticas es vuestra y con vuestros comentarios veremos si proseguir o no en estas líneas. Desde luego queremos evitar discusiones sociales, culturales o políticas, pero incluso un bote de mermelada o una salsa de tomate hoy tiene implicaciones en todas las capas de nuestra vida.

Empezaremos por explicaros que Grupo Helios como tal, centra más del 60 % de su actividad en la exportación, y esto es un hecho histórico que se remonta varias décadas atrás. Esta cifra, poco a poco, continuó subiendo y en estos momentos es la actividad principal de nuestro grupo. Realmente nos ayuda estar ubicados en España, la huerta de Europa, y uno de los países con mayor percepción de calidad y competitividad en productos agrícolas. Hoy, para nosotros, saber cómo se consumen nuestros productos en casi 70 países es un hecho que nos llena de satisfacción y orgullo. Mercados como México o China suponen una parte importante de nuestro negocio y nuestra fuerza es evidente en el Norte de África, desde Marruecos a Túnez, Centro América, Ecuador y de Core a Australia pasando por mercados tan exigentes como el japonés. Todo esto nos indica que algo debemos estar haciendo bien.

Esta evidencia indica que la interculturalidad, que la globalización, es un hecho profundo. ¡Quién nos iba a decir hace 10 años que, en China, un país donde no existe la misma tradición culinaria que en Europa, venderíamos casi el mismo número de unidades que en nuestros mercados locales! Francamente, nadie, ni siquiera nuestro director de exportación podía imaginarlo. Y es que el mundo, a pesar de las distancias, de los radicalismos y de las desastrosas situaciones que estamos viviendo, en su globalidad comienza a hablar y a pensar un poco en común y esto, en lo primero que se nota, es en lo que comen.

Desde luego, globalización e interculturalidad no tienen sentido si no partimos de una uniformidad o igualdad, sobre todo económica en aquellos mercados en los que vendemos nuestros productos y en las zonas en las cuales el desarrollo económico de las últimas décadas ha homogeneizado a la población y a sus clases sociales. En China, por ejemplo, un agricultor de Manchuria no consume una Mermelada Helios de Frambuesa, sino que las ventas se concentran en entornos urbanitas de ciudades como Shanghai, Pekín, Cantón o Hong Kong, que no tienen absolutamente nada de envidiar a otras urbes globales como Nueva York, Londres o París (eso sí, salvando un enorme trecho cultural que aún nos queda por recorrer y en cuya diferencia subyace también la belleza del propio ser humano).

Al igual que una familia media de Shanghai el sábado por la mañana en lugar de sus noodles (fideos) decide desayunar unas tostadas con mermelada europea, nosotros aquí podemos cenar cualquier día de la semana un rollito de primavera o pato pekinés. Y esto, en el fondo, es la mejor manera de que nos entendemos y de que la convivencia sea posible, pues el interés por otra cultura es la base para el respeto. Y, desde luego, la comida es una parte importante de la culturalidad.

Ahora bien, como el Maestro Gandhi explicaba en su espiral de la violencia, la confrontación genera confrontación y esta espiral crece desarrollando intolerancia y, en últimas fases, violencia que se resuelve con más violencia, la cual, por desgracia, acabó con su vida de forma prematura.

En los últimos cinco años estamos viviendo un cierre y un retroceso social a la interculturalidad bien llevada, aquella que se desarrolla desde términos igualitarios y no la que provoca que, para subsistir por modelos económicos injustos, la gente tenga que abandonar sus países para poder sobrevivir en otros.

Estamos volviendo, en términos económicos y de comercio, a un cierre de las fronteras, a un decremento de los acuerdos y a un incremento de las barreras y esto nos hace crear un vacío en el modelo. Aquí es donde las críticas pueden comenzar a llover, pues tampoco el comercio internacional se debe basar en la desigualdad, desigualdad de requisitos o calidades, que son las mismas calidades que vienen de un desarrollo social equitativo y casi equivalente y provocan que las competencias desleales en precios o dumpings. Sin embargo, pensemos que cuando nosotros vendemos una Confitura Natural de Frambuesa unimos limones españoles, frambuesas de Serbia y azúcar moreno de caña de cultivos sostenibles y justos de Centroamérica y un bote seguramente italiano con una tapa española … Esto sí que es MARIDAJE.

Vivimos momentos difíciles, pero consideremos que las revoluciones comienzan en uno mismo y es necesario ser fuerte. Desde Helios seguiremos tratando de exportar productos que, en esencia, irradian nuestro carácter. ¡Hagamos que el mundo se llene de colores para que ninguno sobresalga por encima de otro!

 

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